Por José Ignacio Maldonado.
Mayo, 2026.
@ColectivoNecotlán
- La historia de la región ha sido una historia que ha estado conformada por oleadas de migraciones transregionales, en diversos procesos sociales atravesados por formas de violencia estructural.
En el siglo XVIII debido al crecimiento poblacional que experimenta el Bajío, hay un fuerte flujo migratorio hacia el Sur-Oeste de Michoacán (Barragán,190 p.92), algunas familias llegan a las grandes haciendas de Tepalcatepec y Apatzingán, desempeñando alguna actividad para el patrón, pero lo que se buscaba era poseer su propia tierra, pues esta tiene un significativo valor social para los rancheros, que es el grupo social que llega a radicar en la región (Humbert Cochet.P. 30). Por lo que en las estribaciones de la Sierra Madre del Sur, encontraron terrenos poco poblados por algunos cuantos indígenas Nahuas que todavía se encontraban en la sierra, pero que con la apropiación de terrenos por parte de los rancheros que llegan del Bajío, mediante la ganadería y la agricultura fueron desplazando a los indígenas de la Sierra hacia la Costa, haciendo una práctica de colonización en los terrenos indígenas (Humbert Cochet.P. 30).
Tierra Caliente es una región geográfica, histórica y cultural que durante las diferentes formas de gobierno a lo largo de la historia ha estado fuera de la atención de los poderes del Estado. La creación de la Comisión del Tepalcatepec en 1947, a cargo de Lázaro Cárdenas del Río, formó parte de un proyecto desarrollista orientado al “progreso” de la región mediante el aprovechamiento de la cuenca del Tepalcatepec (Maldonado, 2010 p.165). Su objetivo principal fue integrar la Tierra Caliente a la vida económica del país y el mercado global, lo que impulsó transformaciones en distintos ámbitos, particularmente en las actividades agrícolas, la salud pública, la educación y la infraestructura, con repercusiones significativas también en las prácticas culturales (Maldonado, 2010 p.183).
El crecimiento económico y poblacional que estaba viviendo el municipio de Apatzingán a causa del proyecto de la Comisión del Tepalcatepec, fue exponencial, derivado del auge económico del cultivo del algodón y el limón que atrajo a personas de diferentes regiones, entre 1950 y 1970, la población creció casi al triple. Apatzingán vivía un proceso de urbanización (González y González, 1984, p. 508), de esta manera fungió como un importante centro comercial, donde a causa del desarrollo industrial, se propagó un estilo de vida urbano, desplazando lo rural, así la región desarrolla un proceso de “modernización» (Martínez de la Rosa, 2011, pp.94-95).
El auge del nuevo centro urbano de la Tierra Caliente, atrajo la atención de la gente de otras regiones del estado, quienes encontraban en el esplendor de los cultivos agrícolas una gran oportunidad económica, atrayendo también músicos de diferentes ranchos de los municipios de Arteaga, Tumbiscatío, Tancítaro, Tepalcatepec, Buenavista, Los Reyes, Coalcomán y Aguililla (González, 2009, pp. 28-30) En este contexto, los músicos de arpa grande no sólo respondieron a las dinámicas económicas de la región, sino que se constituyeron como sujetos sociales y políticos que acompañaron los procesos de migración, urbanización y modernización, atravesados por relaciones desiguales de poder, donde su práctica fue simultáneamente aprovechada por las lógicas del mercado y subordinada a los discursos hegemónicos de progreso. Lejos de una integración, su trabajo como músicos evidencia tensiones, en tanto sus saberes y expresiones musicales los cuales son apropiados, reconfigurados o desplazados dentro de un proyecto modernizador que tiende a jerarquizar y marginalizar las prácticas culturas locales.

La Comisión del Tepalcatepec estuvo en funciones aproximadamente hacia el año de 1960, lo cual coincidió con el crecimiento del narcotráfico en la Tierra Caliente (Maldonado, 2010, p.189), los cultivos de limón, melón, mango fueron cambiando por cultivos ilegales de marihuana y amapola para el narcotráfico (Barragán, 1990, p.68). Debido al crecimiento del narcotráfico y la inseguridad que se vivía en la región, muchos habitantes decidieron emigrar, a partir de 1980 se comenzó a dar un creciente flujo migratorio hacia el país vecino del norte desde diferentes regiones del estado, el cual aportó 21% de los migrantes (Leonard, 1995, p.193).
Aunque este proceso migratorio coincidió con el Programa Bracero (1942-1964), desarrollado en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, es importante señalar que dicho programa formó parte de una política bilateral entre México y Estados Unidos, cuyo objetivo principal era garantizar el suministro de mano de obra agrícola hacia Estados Unidos ante la escasez provocada por la guerra. Este acuerdo también se inscribía en una lógica de progreso económico, entendida como el impulso a la producción, la modernización del campo y la estabilidad de ambos países.
Sin embargo, la migración proveniente de regiones como la Tierra Caliente y la Sierra Madre del Sur no se integró plenamente a este esquema institucional. En muchos casos, se desarrolló de manera irregular o fuera de los mecanismos formales del programa, ya que el reclutamiento de braceros tendió a concentrarse en ciertas zonas y poblaciones específicas, incluyendo comunidades indígenas como las purépechas. De este modo, mientras el Programa Bracero buscaba regular y canalizar la movilidad laboral bajo criterios de utilidad económica, otras corrientes migratorias quedaron al margen, evidenciando las limitaciones y desigualdades inherentes a esta política bilateral.
Ahora el movimiento poblacional ya no es transregional sino transnacional, migrando hacia Estados Unidos, donde muchos paisanos comienzan a contratar a músicos de arpa grande, para de esta manera mitigar la añoranza por el lugar de origen, comenzando a crear una demanda de músicos de arpa grande en EE.UU para a la vez crear un territorio imaginado en de la Tierra Caliente en el otro lado.


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